Para aprender a volar primero hay que caerse

lunes, 25 de agosto de 2014

Esta no es una de esas historias.

Hay historias tan bonitas que merecen ser escritas. Pero lo bonito de las historias no es el final, sino el comienzo. El inicio, la base, el "no tienes ni idea de donde te metes". Pero esta no, esta no es una de esas. Ya ni recuerdo como era todo un año atrás, cuando empezó todo. Ni mi mundo, ni mi clavo. Pero eso era entonces, porque las cosas siempre tienen que cambiar. Me subí a ese tren sin saber si tenía destino, porque cuando nada es seguro, todo es probable. Pero no era mi caso y todavía no lo sabía. Hay puertas que no se abren del todo. Pero incluso si se abrió una milésima parte de un todo, nadie podría negar que estaba abierta. De todas formas, esta historia que escribo podría no ser la mía, podría ser co-protagonista. No, no habla de mi. O si. Lo mismo podríamos ser amantes en noche de luna llena. A nadie le interesa una historia fácil. Tal vez no haya un candado, ni un árbol, ni una puerta de cualquier servicio público. Sin embargo, tal vez si haya algo que contar, una pequeña parte de todo lo que hemos vivido. Puede que no lo sepa pero podría haber algo que quedó enterrado esperando ser recordado. Podríamos resurgir, y descansar en cada palabra de este párrafo, y después, a la hora de salir retomar esta historia. Es probable que haya muchas formas de delimitar una "historia bonita" y nuestra historia si merezca ser escrita.