Este año perdí la cuenta de los golpes que me di intentando despegar. Me gustaría poder decir que fue un buen año o que la balanza está equilibrada, pero faltaría a mi promesa de ser honesta conmigo misma. Nada es lo que parece, back a lo de siempre. Es más fácil despedirse que saludar, porque empezar requiere esfuerzo. Hubo grandes cambios, giros de guion que nadie esperaba, y aquí seguimos, mojándonos bajo la misma tormenta. Hay cosas que no se superan, se vive con ellas. Hubo dolor y habrá dolor, superación personal. A veces me pregunto que sentido tiene caminar mirando al frente si al final la vida está en las cosas que aparecen en el camino. Por qué nos sentimos forzados a estar bien. Se puede sentir bien en la fatalidad.