Para aprender a volar primero hay que caerse

sábado, 21 de diciembre de 2019

#tioduro3

A riesgo de que pase algo voy a boicotearlo, por miedo a querer de más, a dar un poco más de lo que suelo. Por dejarme llevar me relajé, fui feliz y me emparanoié. Creo otra vida por morfogénesis mental, fundiendo mi mente en un futuro que planeo en secreto, por si te asustas. Me asiento y, con precisión, sigo y memorizo cada momento. Este abismo es un tobogán con muchas curvas, cada miligramo de sangre que bombeo me ahoga en adrenalina. No es el por qué, es el hasta cuándo. Por una vez podría reconocer que no me importa que rompas mis rutinas, que me hagas pensar y hacer cosas que nadie más me provoca. Eres un incentivo de creatividad. Apaciguas mi insomnio haciéndome soñar despierta. Tienes todo el miedo que siento y me callo, pero te convenzo de no evitar excesos. Tenemos una página en blanco en la que volver a crear, mirando el pasado solo para no repetirlo. Reconstruimos cada fractura, cada pedazo que nos quitaron, haciéndolos más fuertes, más nuevos, más racionales. Llenaré cada vacío que tengas y diseñaré de 0 un lugar al que puedas ir cuando quieras huir. 
Empiezo a pensar que pasarme de la raya terminará mal, pero al menos merece la pena. Me haces monógama por voluntad propia. No se si te tengo idealizado o si realmente he encontrado la tónica de mi gintonic. No sé si esta reciprocidad me va a costar cara, pero de momento el precio me parece justo.