Hemos construido un muro que no me deja verte de verdad. No
estás para quitarme los miedos y cada día fluctúo entre si lo correcto es
seguir combatiendo este badén. Tal vez esté confundiendo mi idea de estar bien
con estar contigo. Pasan las horas y sigo sin recibir ningún aliento de cariño,
y decido que no es correcto poner yo sola todo el amor sobre la mesa. Dudo de
si tu silencio es rutina o que el muro cada vez es más grueso. Miro al
horizonte buscando las palabras correctas, pero acto seguido me arrepiento: ya
lo intenté muchas veces. No puedo derrumbar esta pared solo con mis ganas,
necesito que des el paso y pongas las tuyas. Empieza a no ser suficiente, no
quiero perderte, pero lo cierto es que soy yo la que se esta desvaneciendo. Me
duele el alma de llevar tanto tiempo el peso de la magia, de cuidarla y mimarla
hasta los confines de la posibilidad. Tienes que elegir entre seguir apoyado en
la otra cara del muro o derribarlo conmigo.