El tiempo corre frenéticamente y sin darme cuenta transcurre otro día sin haberme parado a pensar qué sucede. Vivo sin conciencia de existencia, dejando pasar las horas y las anécdotas. Me gustaría saber qué quiero y qué voy a hacer ahora, en mis ratos libres, y dejar de actuar como si fuera una máquina determinada a llevar a cabo siempre la misma rutina. Un lapso de tiempo para sentir mi respiración, llenar mis pulmones y soltarlo despacio, sintiendo como cada molécula de dióxido de carbono abandona mi cuerpo. La felicidad es tan efímera, inesperada, tan corta, que de qué sirve si luego no disponemos de momentos para recordarla. Cómo tiene que ser dar un paseo sin rumbo, sin hora, en silencio, libre en todas sus formas. Funcionar sin objetivos y sin causa. Cómo tiene que ser observar desde dentro. A veces me siento ajena a mi, como si no tuviera poder de decisión sobre lo que hago, como si algo decidiera que hoy tampoco voy a salir de mi zona de confort. Necesito una aventura, un punto de inflexión. Vivir un día fuera de mi caja de cristal, dejar de ver, y mirar.
domingo, 17 de septiembre de 2023
pause
Me dispongo a ponerme los cascos, poner el volumen alto y alejarme del mundo. Me niego a ser consciente de mi misma durante unos minutos, lejos del ruido de las preocupaciones. Filtro cada nota musical, la hago mía. Cada poro de mi piel descansa sobre el peso del mundo. Soy una gota de agua más dejándose llevar por la corriente. Me encuentro a gusto en este vacío, en este limbo. Al rededor todo ocurre demasiado rápido, necesito un instante para respirar. El tiempo corre más rápido que yo. En cada pausa de la canción, entre acordes, encuentro mi ataraxia. No pienso en nada, no hay nadie más. El aire que me rodea me abraza, me reconforta. Mi corazón sigue el ritmo, dejo de ser alguien, me convierto en algo abstracto. La emoción, la melancolía, la tristeza, la alegría se entremezclan. La canción va a terminar. La melodía se transforma en un hilo de fondo. La canción ha terminado, y me quedo disfrutando del silencio. Mi mente se activa, mis instintos despiertan, es entonces cuando me quito los cascos: toca volver a la realidad.