Para aprender a volar primero hay que caerse

domingo, 17 de septiembre de 2023

melancolía

El tiempo corre frenéticamente y sin darme cuenta transcurre otro día sin haberme parado a pensar qué sucede. Vivo sin conciencia de existencia, dejando pasar las horas y las anécdotas. Me gustaría saber qué quiero y qué voy a hacer ahora, en mis ratos libres, y dejar de actuar como si fuera una máquina determinada a llevar a cabo siempre la misma rutina. Un lapso de tiempo para sentir mi respiración, llenar mis pulmones y soltarlo despacio, sintiendo como cada molécula de dióxido de carbono abandona mi cuerpo. La felicidad es tan efímera, inesperada, tan corta, que de qué sirve si luego no disponemos de momentos para recordarla. Cómo tiene que ser dar un paseo sin rumbo, sin hora, en silencio, libre en todas sus formas. Funcionar sin objetivos y sin causa. Cómo tiene que ser observar desde dentro. A veces me siento ajena a mi, como si no tuviera poder de decisión sobre lo que hago, como si algo decidiera que hoy tampoco voy a salir de mi zona de confort. Necesito una aventura, un punto de inflexión. Vivir un día fuera de mi caja de cristal, dejar de ver, y mirar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Aviso, los comentarios ofensivos serán eliminados.