Para aprender a volar primero hay que caerse

domingo, 17 de febrero de 2013

Aquí nada sale como yo quiero.

Corazón parado en un invierno
que no entiende de vacíos inmensos,
probando drogas que no sirven de consuelo.
Fuego en pecho, armándose de valor
salió un minero con manos de cartón.
Sucios, cobardes hipócritas,
lejos, buscando sus incógnitas.
Y la vida, de terciopelo,
al raso del más temible fuego eterno.
Tu caminar es lento,
lento como el paseo de mi tormento.
Claridad oscurecida,
sueños a su medida.
Palabras encadenadas
en un alma que enreda esperanzas.
Que ni existo ni desaparezco,
aquí nada sale como yo quiero.

Un nuevo camino que superar... sin él.

"Nada es eterno, lo que es malo siempre acaba y lo bueno hay que disfrutarlo en su momento".
De repente todo lo que hasta ahora fue bueno pasó a ser una mala noticia. Ese gran día pasó a ser el error más grande de mi vida. Improvisemos una razón para explicar toda esta mentira. Podría pintar una mala verdad para que aparente ser algo más o menos manejable. ¿Pero cuánto duraría? Todo es relativamente bueno y relativamente malo. Pero es que yo solo bebo de vasos medio vacíos. Ver las cosas por el lado positivo ya no sirve, no a estas alturas. Podría seguir adelante y volverlo a intentar. Créeme que lo volvería a hacer. No sabes la cantidad de veces que he podido revivir en mis recuerdos el pequeño lapsus de tiempo, el primero, justo el momento en el que te vi aquel día. Podría buscar palabras en 1234 idiomas y todavía no podría explicar ese pequeño momento. Se me pararon el tiempo, el corazón y el miedo. ¿Qué es el miedo a tu lado? Pero la duda de si era real siempre estuvo en mi corazón. Demasiado surrealista era todo, siempre de pequeña había soñado con ese momento. Nunca pensé que fueras tú la persona que me llevara a ese sueño. Nos dijimos te quiero y nos pasamos tres horas besándonos. Llegué a casa, y lo primero que hice fue pellizcarme. Simplemente no me lo podía creer. A partir de ese momento me di cuenta que olvidar ese momento iba a ser imposible, y olvidarte a ti sería impensable, una blasfemia.
Pero ese gran día, inmejorable y perfecto pasó a ser una pesadilla. Como si no nos conociéramos y no hubiera pasado nada, me ignorabas y pasé los días más terroríficos que ninguna película, triste o de horror, a podido plasmar nunca. En un momento de desesperación, me quité el casco y me tiré desde un rascacielos: te envié un mensaje para dejar claras las cosas. Cosas como que perdí en norte y el sur contigo. Y es que en ese mensaje, en el cual desnude mi alma y mi corazón; en el que me hice la valiente y superé al orgullo, me dijiste, con decoro, que te olvidara. Si tuviera que decir algo sobre ese momento, me quedaría a esperar que saliera algún voluntario a responder por mi. BLANCO OSCURO. Un remolino pasó por mi corazón y se lo llevó todo de repente. Humillación, decepción, traición... dolor. Aun así no lloré. ¿En serio un par de lágrimas me devolverían la vida? Debería haber llorado, porque, aunque no pueda cerrar una herida con eso, si pueden calmar el dolor. O por lo menos lo habría hecho más fácil en los días siguientes. En ese momento solo pensé: le di mi corazón sin pensar si sabría cuidarlo, y lo pisó como quien pisa una hoja de árbol cualquiera en otoño. Las cosas no mejoraron. Dos días de tormento se apoderaron de mi vida, cada uno más largo que el anterior. Y llegó el día. El día en que te volvería a ver. No sabía si ir. Si estaba preparada para verte, otra vez. Pero el deseo y mi estupidez me obligaron a ir. Llegué, y fui un cristal. Estaba y no estaba allí para ti. Me dijeron, dijiste, hice, volviste a decir. No pude mirarte a la cara después. No quería, no podía. Solo te quería a ti. Solo. Y ese fue y es mi gran error.
Hasta hoy. Que mientras escribo estoy escuchando la canción más triste que encontré. Estoy escribiendo sobre ti y sobre mi, sobre nosotros. Sobre lo mucho que te quiero y sobre lo idiota que soy por eso. En frente del ordenador sin mirar la pantalla, con la mirada perdida. Perdidamente enamorada de ti. Quiero llorar, debo hacerlo. Pero no puedo. En siete días te lo llevaste todo. No puedo imaginarme otro día sin ti. Ni siquiera se si podré con otro minuto más. Ahora si. Por fin varias lineas coordinadas de lágrimas se apoderaron de mis mejillas.

domingo, 10 de febrero de 2013

Neuf, c'est le meilleur.

¿Sabéis? Gran parte de nosotros por miedo a arriesgar perdemos más de lo que ganamos. Creerme que yo soy la primera en quedarme atrás en todo. Pero ayer... todo cambió.
Por arriesgar, por no pensar y seguir adelante. Por temor al día siguiente y a ese "y si..." que siempre me ha perseguido. Por un momento de intentar parecer alguien de 16 años, y no de 45. Por demostrarme que un poder y un querer pueden cambiar un mundo, una vida. Por no mirar atrás. Por todo eso, ahora mismo soy feliz. Pero no una felicidad de un rato, si no de esas en las que te das cuenta de que lo tienes todo, de que conseguiste lo que siempre veías lejos. Me veo fuerte, se que puedo y podré con todo a partir de ahora. Pero sobre todo, porque le tengo a él.
Sobre él... podría decir tantas cosas... y todas esas cosas se quedarían bastante cortas. Podría decir que me ha regalado las mejores tres horas de mi vida, pero también que nunca nadie me cambió la vida tanto. Que no le daría una vida, ni mi suerte, ni 50.000 euros. Le daría mi felicidad. ¿Queréis saber por qué? Porque una vida sería demasiado fácil darla, quedarte sin ella y después ni significaría nada, ni daría nada a entender. Mi suerte no se la daría porque, como ya sabréis, la suerte da muchas vueltas y no serviría de nada dársela. Y tampoco le daría 50.000 euros porque el dinero no lo compra todo. Pero le daría mi felicidad, porque se que así sonreiría todos y cada uno de sus días; sería infeliz por él. 
No se si vosotros habréis arriesgado algo importante alguna vez, pero si creéis que vale la pena, creerme que no hay mucho que pensar. Adelante y haced de vuestras vidas un reflejo de la mía.

               http://www.youtube.com/watch?v=dslilhYQBPo

martes, 5 de febrero de 2013

Mente caprichosa, corazón inmaduro

Los amores imposibles existen, aunque en un principio cueste creerlo con todas las historias que nos contaron de pequeños. No todo son alegrías e ilusión, ¿sabéis? No hablo de echar un par de lágrimas y ya has vivido todas las fases del amor. No. La gente está acostumbrada a creer que el amor viene y va; pero el amor, si viene, se queda. Niñas de 14 años que yacen en su cama llorando porque unos niños no les han mirado ese día, ¿es amor eso? Eso es egocentrismo. Quieren vivir un cuento de hadas que nunca fue real. Mente caprichosa, corazón inmaduro.
Un amor imposible no es ese que se tiene cuando alguien te rechaza. No. Un amor imposible tiene lugar cuando eres correspondido pero el destino y las circunstancias hacen que no podáis ser felices juntos. ¿Os suena? Ya lo creo que no. 
Estoy harta de escuchar los lamentos de gente que cree que ya lo vivió todo y nunca pasó por nada. Gente que por tener un mal día ya se quiere suicidar. Es patético, lamentable, triste, penoso. 
Estoy cansada de que me pidan consejo por problemas demasiado fáciles. Os podría ayudar con esa persona, como siempre he hecho pero ¿y si el mejor consejo que os puedo dar, no lo escucharíais? Lo diré, ¿por qué no? Por encima de todo, no cambiéis vuestra felicidad por un par de besos, porque a corto plazo puede estar muy bien; pero a largo plazo, os daréis cuenta de vuestro gran error.
Yo también estoy enamorada. Si, soy correspondida; pero en mi caso nadie me puede ayudar, porque el destino y las circunstancias hacen que no pueda ser feliz junto a él. Y otra vez si, hablo de un amor imposible.