Para aprender a volar primero hay que caerse

domingo, 17 de febrero de 2013

Aquí nada sale como yo quiero.

Corazón parado en un invierno
que no entiende de vacíos inmensos,
probando drogas que no sirven de consuelo.
Fuego en pecho, armándose de valor
salió un minero con manos de cartón.
Sucios, cobardes hipócritas,
lejos, buscando sus incógnitas.
Y la vida, de terciopelo,
al raso del más temible fuego eterno.
Tu caminar es lento,
lento como el paseo de mi tormento.
Claridad oscurecida,
sueños a su medida.
Palabras encadenadas
en un alma que enreda esperanzas.
Que ni existo ni desaparezco,
aquí nada sale como yo quiero.

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