Sola en la parte derecha de mi cama, fingiendo que alguien me quiere en la izquierda. Me niego a ver que soy una marioneta de lo cotidiano, de lo correcto. Prefiero evadirme del fallo y error, porque lograr algún objetivo está fuera de mi alcance. Me engaño a mi misma, creando una apariencia de chica divertida, una máscara de alegría en una cara empapada en lágrimas. Lo malo de dormir, es soñar que vives. Tanto el frío como el calor me provocan frío y dolor en las entrañas. Dejé de sentir cuando dejé de ver las cosas con la ilusión con la que mira un niño la navidad. Dejé de creer, sin haberme parado a pensar en que creía. Me arropo sola solamente por no ver mi soledad. El día me enseñó que la noche puede ser más apacible, entre respiraciones. Estoy intentando decir que mi histeria se transformó en silencio. Tengo pendiente una búsqueda del tesoro, que prefiero dejar para cuando tenga tiempo, teniendo la agenda más limpia y vacía que mi conciencia. Hablar duele, porque nadie escucha, porque el silencio está infravalorado. No olvido las promesas que se hicieron entre copas y entremeses, ni olvido a las personas que abandonaron este viaje. Los sueños del ayer son historias cobardes que se llevó el viento del anochecer. Eclipsada por el quién creen que soy los demás, no me dejo ser. Detenida, parada, inmovilizada, paralizada.
El miedo es el nuevo Coco, y el nuevo Coco me tiene presa.