Para aprender a volar primero hay que caerse

domingo, 25 de octubre de 2015

Nota

Que el tiempo pasa para todos. Es rencoroso, nunca perdona. Es algo así como lo único que tenemos fijo, seguro. Tan confortante como estresante. Que une, separa, vuelve a unir y acaba por separar sucesivamente. El tiempo es el alimento del miedo, pero también la base de nuestras metas. Quien nos guía y quien nos pierde. El que elige cuando vas a caer, el que te da la espalda y te echa una mano (quién sabe). Es lo que nos queda para llegar o para acabar, para empezar o darnos cuenta. Pero sobre todo, es la razón por la que dejé de esperarte con la ilusión del primer verano.