Que el tiempo pasa para todos. Es rencoroso, nunca perdona. Es algo así como lo único que tenemos fijo, seguro. Tan confortante como estresante. Que une, separa, vuelve a unir y acaba por separar sucesivamente. El tiempo es el alimento del miedo, pero también la base de nuestras metas. Quien nos guía y quien nos pierde. El que elige cuando vas a caer, el que te da la espalda y te echa una mano (quién sabe). Es lo que nos queda para llegar o para acabar, para empezar o darnos cuenta. Pero sobre todo, es la razón por la que dejé de esperarte con la ilusión del primer verano.
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