Para aprender a volar primero hay que caerse
miércoles, 8 de octubre de 2014
Última conexión a las...
Más de 380 noches y aún sigo preguntándome qué fue aquello que lo empezó que no volvió a ser igual. Una nueva marcha, acelerada, y nos entró fatiga. La verdad siempre sale a la luz, pero tarda. Este el final de aquellos días, la consumición de nuestra pequeña aportación al mundo. Hay maneras y maneras de hacer las cosas, de perder las formas. De ser todo o no ser nada, de querer-creer-y-engañarte. Pero llega un momento en el que todo te da igual, te limpias las manos y desapareces. Dejas de pensar en dar oportunidades a los demás, y te la das a ti. Por fin despiertas y dejas de lamerle el culo a la vida, dejas a un lado ese amuleto que te daba mala suerte. Te desquitas de todo y empiezas a contar de 0, así porque sí. Porque nada que vaya mal en un buen momento, puede ir bien en uno menos bueno. Tengo razón y voto: no lo sabía, no lo sabías. El sol viene por un lado y la tormenta se va por el otro. En el calor de la noche a plena luz del día, siempre estaba dispuesta para alegrarte el día, pero no lo viste y ahora ya te borré de mi agenda. Encontré una nueva forma de ver la vida, y tu ya no estás en ella.
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