Para aprender a volar primero hay que caerse

lunes, 20 de mayo de 2019

Tocada, no hundida


De repente respiro.

Sin esperarlo, sin buscarlo. Renací.

No tengo palabras para explicar la razón, pero ocurrió. El amanecer tiene cabida en mi historia de nuevo. Salí de las cavernas de Platón para descubrir que hay vida más allá de la inercia. Que las cosas caen pero también rebotan, y es en ese pequeño movimiento en el que puede resurgir otro, y sucesivamente. Llovieron planes de futuro que borraron los pasados presentes. Como si se tratara de una hibernación emocional, un descanso para el letargo que queda. Decidí celebrarlo viviendo, dejándome llevar, pero ahora para hacerlo bien.

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