Me cuesta poner palabras a cada
una de las formas de mirarte. Otras veces mi mente solo soltó lastre, por eso
me da miedo soñar con acariciarte. Adicta al juego porque no se apostar de otra
manera que no sea con todo, fuerte. Merecerá la pena cada segundo que destino
en callar y demostrártelo. Hay una voz dentro que dice que sigue el juego. Como
cada septiembre me declaro en bancarrota emocional. Perdí el día que aprendí a
dejarme llevar porque ya no se ponerle freno. Lo pienso y no me arrepiento.
Tuve que esperar mucho tiempo para volver a girar. Si ya tengo el sí solo puedo
continuar, aunque termine mal. El viento me viene de lado, no se interpretarlo,
no sé cómo explicárselo. Si no lo entiendes mira mi piel de gallina. En este
gallinero solo tú me haces ponerlos de oro. Es hora de perder el tiempo. Hay
una voz dentro que dice que sigue el juego. Total o parcialmente preparada para
lo que venga. Las canciones nos describen desde la perspectiva de una persona
mayor hasta la mirada de un dieciseisañero. Seguiré las líneas de tu
mano hasta encontrarte. Déjame aclararte que no me necesitas, pero que si me
buscas entre la multitud es porque tenemos algo pendiente. Pienso cuidar y
guardar cada beso que me des hasta que me lo pidas de vuelta. Me desviviré en
cada exceso emocional porque, ahora, mereces la pena. Déjame ver más allá de tu
luz, déjame conocer tus errores y déjame hacerte más feliz.
Y entonces fuiste Luna, con tu
brisa, con tu misterio. La melodía de dos respiraciones en silencio,
acompasadas, como practicadas. Tus brazos tiernos rodean mis dudas, las
reducen, las extinguen. No tengo forma de describir esa adictiva quemazón en el
pecho cada vez que me sorprendes con palabras de corazón a corazón. Dos
corazones que se mensajean entre besos, dos retinas que se alimentan de miradas
ahogadas en un mar de respeto. Cada caricia tan sencilla y tan compleja. Cada
beso tierno en la mejilla, cada sonrisa tras sonrisa. Los lunes se dejan llevar
porque contigo siempre es viernes. Sobria, loca y enamorada de los after en
cualquier banco. Que no ten engañen porque no hay fantasía más grande que la de
sentir tus manos acariciando cada milímetro de mi espalda. Entre nosotros hay
luz, hay un deseo insaciable de complicidad. Eres imán y eres amuleto. La
suerte del tonto. Eres kriptonita para mi tensión. Pronto te convertiste en
problema y solución.
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