No es la primera vez que intento escuchar a mi yo interior, pero al menos sé que no me estoy presionando. No se qué estoy haciendo, pero me lo estoy tomando con calma. A veces temo que esta tranquilidad me cierre puertas a las que ahora no doy importancia. Sé que correr no me va bien. Aparentarme a mi misma estar bien es un disfraz que me quema viva.
Vivo cada día intentando no olvidar quererme. Estoy aprendiendo que errar es humano, que hacer daño a veces es inevitable, y que tomar la decisión adecuada puede hacer daño. Que lo correcto no es lo más fácil. Intento curar las heridas que me auto infligí y rehuir conductas que, por intentar hacer el bien ajeno, me hieren tanto. Creo que es importante ponerme por delante, porque sin mí no soy nada.
Tal vez me estoy volviendo más fría, un poco menos
emocional. Evitar implicarme de más con los demás.
Lo cierto es que al esconder lo más mío, soy capaz de
abrirme cada vez con más facilidad, aunque sea externamente.
Empiezo a entender que lo más valioso que tenemos las
personas es lo que llevamos dentro, el mayor regalo que te pueden dar no es
físico. La esencia.
Mi esencia la tengo para mí, protegida y amparada, hasta que
llegue el día en que, sin forzar y porque decida que estoy preparada, la
comparta.
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