Soy estúpida. Me caigo una y otra vez con la misma piedra. Como si no hubiera espacio para pasar, siempre me encuentro la misma piedra. Esa piedra que cambió mi vida, y no se si para bien o para mal. Ya no es lo mismo.
Podría ir por otro camino, o incluso no volver a salir para no encontrármela... pero no se que tendrá esa piedra que me guía hasta ella, que me fascina, que me hechiza... hasta que me caigo. Una y otra vez. Podría caer con otra piedra, pero no, solo con una piedra. Una piedra de la que me siento atraída incondicionalmente y de la que se, a su vez, que me hace insegura de todo. También podría saltar la piedra o tal vez cogerla y llevarla conmigo, pero no puedo. La piedra tiene más valor que yo, se me puede caer. O la dejaría de ver en cuanto pase y me marche.
Esa piedra que me cambió la vida. Que me hace caer todos los días desde que la vi por cuarta vez. ¿Por qué no se seguir sin caerme?
Te conté mi problema con la piedra y me respondiste como si estuviera diciendo un chiste o si fuera todo una mentira. Pues deberías saber que tu eres esa piedra preciosa. La que me hace caer, y me produce heridas. La que no se coger por miedo a que se me caiga. Y tu te ríes... como si se tratara de una broma...
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