Para aprender a volar primero hay que caerse
miércoles, 30 de octubre de 2013
Indiferencia y automarginación sensible.
Tik tak. Mi corazón continua latiendo a paso lento. Sonrió sin pensar en nada, sin saber cuáles son las consecuencias que tiene este preciso momento. Abarco unas pocas esperanzas que hoy por hoy me dan la vida y un "quién sabe". Me siento y escribo lo que estáis leyendo. Escribiendo sin escribir lo que realmente necesito decir, pero es que no puedo permitirme el lujo de pensar, no puedo permitirme el lujo de volver a quedarme en un coma mental temporal. Evito lo que me hace daño, me tomo las confianzas suficientes para continuar mi vida y mi historia a pesar de todo lo que está pasando. Como la letra de una canción que suena durante dos minutos casi tres sin contar nada sustancial. Miro hacia delante por temor a enfermar al mirar hacia atrás. No quiero darme cuenta. Prefiero quedarme en la Tierra por si me pierdo rumbo a Marte. Y es que se de sobra que debería dedicarme un minuto para preguntarme a mi misma si todo lo que estoy haciendo me hace bien realmente. Supongo que me da igual. Cada esquina, cada página de mi diario, cada palabra que sale de mi boca, me hace recordar por mi. Prefiero no pensar que tiré la toalla, estoy mejor sintiendo que "esto" era lo que debía hacer. Por mi misma, me lo debo. Bloqueo toda acción mental que tenga que ver con lo "impensable", con lo que pasó, está pasando y está por pasar. No quiero sufrir, entendedlo. Actitud infantil frente a asuntos adultos. Me viene grande, hasta los pies. De la sospecha al desengaño, del cariño a la decepción y del dolor al "paso de todo". Esta mala temporada acabará terminando, pero la banda sonora siempre seguirá ahí. Ahora y a partir de ya, tendré que asumir que siempre habrá canciones que me recuerden este momento, que en realidad no se terminará jamás del todo y que mañana será un hoy nuevo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Aviso, los comentarios ofensivos serán eliminados.