Para aprender a volar primero hay que caerse
jueves, 12 de junio de 2014
Cada uno decide el final que quiere.
Mi pintura y yo, inseparables porque dibujamos todo lo que queremos ver. Nada de lo que hay ahí fuera realmente me sorprende, nada me emociona. Impulso tras impulso, sin saber ni dónde ni cuál es la meta. ¡Haya vamos! Miro tras de mi y no veo nada, y observo mi sombra, alargada por haber puesta de sol. La calle está en silencio, esperando algo o esperando a alguien. Mientras, las hojas de las copas de los árboles se asoman para verme sola, en el parque. Me levanto de ese banco viejo y decido volver a casa. Cada vez falta menos para llegar. Y...
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