Para aprender a volar primero hay que caerse

miércoles, 15 de noviembre de 2017

piel con piel

Olía diferente.

Eras nieve en verano, ardías dentro de tu frío. Fuiste salvavidas de la vida que me quitaron. Mantenías mis días en esos azules ojos observadores. Noches de frenesí sentada encima tuyo. Locura que cura cada guerra, cada morreo.
No podría describir con palabras lo insegura que me sentía y lo feliz que me hacías. Fue tan rápido como una noche de madrugón. Pasó tan rápido que cuando me di cuenta ya estaba pensando en volver a verte. Sexo sin control, sin protección. Un amor pasajero de los que dejan huella, de los que dan para hablar, y del que conoce hasta tu peor enemigo. Si me pierdo sin llegar hazme un sitio en tu memoria. Tan real, tan maduro. Nunca sentí que un corazón me entendiera tan bien, que dos personas pudieran ver más allá de las palabras. Entendías cada coma, cada segundo que callaba. Fuiste ese "nunca pensé que me enamoraría, y lo hiciste". Tan fuera de lo común. Tan padre, novio, amigo, amante. Nunca me cansé de ti, eres mi hilo rojo.

Siempre serás más que todo lo que quise admitir en el último momento que eras.

Y es que ahora somos dos almas desconocidas, que sienten que no se conocen, o eso quieren, pero que definitivamente se suenan. Nos desnudamos más allá de la ropa y ahora andamos por los pasillos abrigados y con calor. Nunca quisimos ver que funcionábamos de maravilla, porque ninguno quiso dejar el miedo a otro lado. "Una vez y no más" nos decía el orgullo, y nunca lo intentamos. Tal vez fuimos unos inconscientes cuando empezó todo. Tal vez no quisimos llegar a más por miedo a lo que podríamos estropear después. Tal vez simplemente no pudo ser. O somos unos inconscientes ahora.

Hoy escribo de ti, después de un tiempo. En realidad no sé por qué, pero lo estoy haciendo. Ha pasado algún tiempo de la última vez que dije que te quería, un mes y medio podría ser. No lo hago con cariño, no lo hago con odio. Lo hago con las sensaciones que me transmiten los pocos recuerdos que conservo de aquella página en la que coincidimos. Mi mente bloqueó todo lo que tenía que ver contigo, pero aún quedan las canciones. Cuerpo inerte, sentimiento abandonado. Pasé de página, pero de vez en cuando me entran dudas. Cómo empequeñecimos algo tan grande: tengo la culpa de abandonar y tú de rendirte. Dos personas no se buscan con la mirada sin una razón, pero yo no recuerdo la mía. No sé quién eres, si quién fuiste. Es una locura decir que a veces te odio porque te quiero y no entiendo por qué, si ni te reconozco. Hoy los planes de los que hablábamos suenan de fondo, sin decirnos nada.

Últimamente te miro desde el otro lado de la habitación y no eres nada, ninguna razón. No queda ningún te quiero por decir, ninguna puerta que abrir. Eres alguien que creí conocer, que me suena. Me recuerdas a alguien a quien quise y por quien habría dejado todo.

Pero volé y quedaste atrás.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Aviso, los comentarios ofensivos serán eliminados.