Para aprender a volar primero hay que caerse

sábado, 22 de febrero de 2020

#tioduro5


Érase un sueño, un largo sueño. A veces sueño, otras, pesadilla. Otro mundo, otra persona. Mi zona de confort y yo. Siempre sucedían cosas, que pasaban como diapositivas frente a mi y no sentía nada. No sentía nada, me daba igual. A veces lloraba sin motivo, sin entender por qué lo hacía. Estaba rodeada, hablaba y nadie se percataba. Gritaba y nadie se giraba. En ese sueño no estaba bien, sabía que no funcionaba bien. Que algo estaba roto en mí, que estaba cara a cara con un obstáculo que no podía ver. En ese sueño me sentía atada, asfixiada. Perdí el interés por seguir luchando y normalicé cada desinterés. Me arrinconé, y dejé pasar el tiempo. Recordaba otra vida, en la que vivía. En la que no había dolor, o no tanto. Nada cambiaba, cada día era una copia del anterior y mi hálito de vida estaba empezando a demacrarse.

Pasaron días, meses. Todo permanecía igual. Un sueño abstracto de lo conceptual.

Entonces tuve una epifanía, . Y esa serendipia hizo estallar mi pesadilla.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Aviso, los comentarios ofensivos serán eliminados.