Érase un autobús, nerviosos, sin saber lo que estaba por venir. Me regalaste una experiencia que no podría olvidar ni inventarme. Siete días intensos, de recorrernos las calles y cada línea corporal. Lejos del miedo y del mundianal ruido. Todo estaba bien, más que bien. Dormir en tus brazos, entre caricias y sexo. Amigo, novio, compañero de vida con todos sus accesorios. Eres lo más valioso que he conocido. Me gustas más que el queso, que desayunar nutella a cucharadas, que un baño frío en una ola de calor.
Mi corazón se apresura con cada caricia verbal y enloquece al roce. Los días pasan sin darnos cuenta, pestañeando. Hay una promesa en cada beso a la que no pienso faltar. Con música o en silencio, nuestras almas bailan un tango que no tiene más desenlace que el de empezar otra vez. Contigo todos los días son San Valentín y las noches Luna de miel, pero a nuestra manera. Porque "cómo nos gusta lo que nos encanta". Estar contigo es un guiño al amor propio, una prueba más de que lo más valioso no se compra.
Estoy en deuda con la vida por haberte metido en mi camino, y sé que este camino, que ahora es nuestro, no será siempre fácil. No puedo prometer que siempre sea así, porque cambiará, será diferente. Pero lo diferente no tiene por qué ser malo, puede ser mejor y será mejor, como nosotros. Mejorará con el tiempo, porque somos un reserva y no un vino de brick.
Te quiero.
Estoy en deuda con la vida por haberte metido en mi camino, y sé que este camino, que ahora es nuestro, no será siempre fácil. No puedo prometer que siempre sea así, porque cambiará, será diferente. Pero lo diferente no tiene por qué ser malo, puede ser mejor y será mejor, como nosotros. Mejorará con el tiempo, porque somos un reserva y no un vino de brick.
Te quiero.
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