Cinco de diciembre del dos mil veintiuno.
Hoy me siento empoderada. Al fin tomé las riendas de mi mayor espina, cogí aire y me la arranqué. Siempre supe que fuiste un antes y después en mi vida. No entendía por qué seguías en mi cabeza y creí que era un sentimiento cuando lo único que eras es una trampa que no me dejaba volar.
Hoy puedo decir que me deshice de mi mayor miedo, de mi maltratador. Del que me hizo sentir que solo era un cuerpo (lo que me llevó a la anorexia nerviosa) y no tenía nada más que aportar (lo que me me hace sentir cada día que no valgo nada, que todo estaría mejor sin mi, o igual). Dejé de aferrarme a mi propia trampa, abrí los ojos y salí de ahí.
Han sido casi cinco años de no sentirme válida si no era aceptada por ti, aunque no estuviera contigo. Hoy por fin me siento más Sara y menos sombra. Me siento una persona independiente.
Al fin puedo permitirme sentirme más que suficiente, salió el sol, ya nada es como me lo contaste. Puedo cogerle la mano a mi novio sabiendo que no soy menos, que no está conmigo por lo que lo estuviste tu realmente. Alguien que me quiere bien y con todo, que está en cada crisis, que me respeta. Alguien a quien quiero de verdad y con quien me siento yo.
No sé que será de ti ahora, tampoco me importa. Salí de la cárcel que me dibujaste cuando me hiciste más vulnerable.
Esto no es un adiós, es un "me da igual" (pero esta vez de verdad). A partir de ahora puede arder roma que yo no me voy a quemar.
Te superé.
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