Para aprender a volar primero hay que caerse

domingo, 17 de febrero de 2013

Un nuevo camino que superar... sin él.

"Nada es eterno, lo que es malo siempre acaba y lo bueno hay que disfrutarlo en su momento".
De repente todo lo que hasta ahora fue bueno pasó a ser una mala noticia. Ese gran día pasó a ser el error más grande de mi vida. Improvisemos una razón para explicar toda esta mentira. Podría pintar una mala verdad para que aparente ser algo más o menos manejable. ¿Pero cuánto duraría? Todo es relativamente bueno y relativamente malo. Pero es que yo solo bebo de vasos medio vacíos. Ver las cosas por el lado positivo ya no sirve, no a estas alturas. Podría seguir adelante y volverlo a intentar. Créeme que lo volvería a hacer. No sabes la cantidad de veces que he podido revivir en mis recuerdos el pequeño lapsus de tiempo, el primero, justo el momento en el que te vi aquel día. Podría buscar palabras en 1234 idiomas y todavía no podría explicar ese pequeño momento. Se me pararon el tiempo, el corazón y el miedo. ¿Qué es el miedo a tu lado? Pero la duda de si era real siempre estuvo en mi corazón. Demasiado surrealista era todo, siempre de pequeña había soñado con ese momento. Nunca pensé que fueras tú la persona que me llevara a ese sueño. Nos dijimos te quiero y nos pasamos tres horas besándonos. Llegué a casa, y lo primero que hice fue pellizcarme. Simplemente no me lo podía creer. A partir de ese momento me di cuenta que olvidar ese momento iba a ser imposible, y olvidarte a ti sería impensable, una blasfemia.
Pero ese gran día, inmejorable y perfecto pasó a ser una pesadilla. Como si no nos conociéramos y no hubiera pasado nada, me ignorabas y pasé los días más terroríficos que ninguna película, triste o de horror, a podido plasmar nunca. En un momento de desesperación, me quité el casco y me tiré desde un rascacielos: te envié un mensaje para dejar claras las cosas. Cosas como que perdí en norte y el sur contigo. Y es que en ese mensaje, en el cual desnude mi alma y mi corazón; en el que me hice la valiente y superé al orgullo, me dijiste, con decoro, que te olvidara. Si tuviera que decir algo sobre ese momento, me quedaría a esperar que saliera algún voluntario a responder por mi. BLANCO OSCURO. Un remolino pasó por mi corazón y se lo llevó todo de repente. Humillación, decepción, traición... dolor. Aun así no lloré. ¿En serio un par de lágrimas me devolverían la vida? Debería haber llorado, porque, aunque no pueda cerrar una herida con eso, si pueden calmar el dolor. O por lo menos lo habría hecho más fácil en los días siguientes. En ese momento solo pensé: le di mi corazón sin pensar si sabría cuidarlo, y lo pisó como quien pisa una hoja de árbol cualquiera en otoño. Las cosas no mejoraron. Dos días de tormento se apoderaron de mi vida, cada uno más largo que el anterior. Y llegó el día. El día en que te volvería a ver. No sabía si ir. Si estaba preparada para verte, otra vez. Pero el deseo y mi estupidez me obligaron a ir. Llegué, y fui un cristal. Estaba y no estaba allí para ti. Me dijeron, dijiste, hice, volviste a decir. No pude mirarte a la cara después. No quería, no podía. Solo te quería a ti. Solo. Y ese fue y es mi gran error.
Hasta hoy. Que mientras escribo estoy escuchando la canción más triste que encontré. Estoy escribiendo sobre ti y sobre mi, sobre nosotros. Sobre lo mucho que te quiero y sobre lo idiota que soy por eso. En frente del ordenador sin mirar la pantalla, con la mirada perdida. Perdidamente enamorada de ti. Quiero llorar, debo hacerlo. Pero no puedo. En siete días te lo llevaste todo. No puedo imaginarme otro día sin ti. Ni siquiera se si podré con otro minuto más. Ahora si. Por fin varias lineas coordinadas de lágrimas se apoderaron de mis mejillas.

2 comentarios:

Aviso, los comentarios ofensivos serán eliminados.