Para aprender a volar primero hay que caerse

jueves, 30 de marzo de 2017

+1

Lo sé. Se lo que debo, no lo que quiero hacer. ¿Qué pasa si es un arrebato y el tiempo trae consigo una pena mayor? ¿qué pasa si no consigo rehacerme?
Pero es que llevo meses tratando de devolver la vida a esta relación, que quedó en un segundo plano. Dejé de verlo de la misma manera. La rutina pudo, no hay días diferentes, un día empezamos a hacer lo mismo que el resto de la gente y no volvimos a renovar. Cuando la duda es más fuerte que un "te quiero", cuando dejas de cuidar tu aspecto de cara a una cita, o peor, cuando no te apetece besar con la misma pasión que antes. Y es que he luchado, contra viento y marea, he llevado todo el peso de esta situación mientras tu te dejabas llevar por otros aires. Lo que no se cuida se pierde y lo que se cuida en exceso cansa, agota. Lo odias.
Llega un punto en el que dejas de hacer planes de futuro en tu cabeza, cada día es un poquito más "corto plazo". ¿Para qué decirte algo bonito hoy que cumplimos nueve meses? si todo lo que se me ocurre es reprocharte el tiempo que descuidaste mis sentimientos. Lo cansada que estoy de decirte que estoy cansada. No hay detalles, ni mariposas, ni la misma ilusión. Empiezo a arreglarme más los sábados que no estoy contigo, y no te preocupa.
Que por plantear me planteo todo, pero no quiero hacerte daño. ¿Seguro que tú tampoco quieres eso? También me planteo si sigo contigo porque te quiero o porque me acostumbre a no estar sola, y es un castigo adicional que me gustaría resolver pronto. No quiero perderte, pero no sé por cuál de las dos razones es.
Es tan increíble ver como un sentimiento tan grande se va apagando poco a poco.
Te das cuenta que esa gran curva de esa maravillosa atracción se convierte en una subida recta que no termina en bajada. Que la adrenalina tenía fecha de caducidad, y que la que quedaba la dejaste estropear.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Aviso, los comentarios ofensivos serán eliminados.