Ojalá todo fuera como en un principio. El principio de los tiempos de nuestra pequeña e insignificante historia. Una historia que llegó por casualidad el día más inusual. Y que acabó sin despedidas. En esa historia aprendí a vivir. Vivir lo que los cuentos de príncipes azules y princesas en apuros no cuentan. Puede que sea tarde para decirte que este final no tenía que haber llegado, que soy tonta y no soy capaz de pedirte perdón la primera, pero moriría por hacerlo. Ya son tres días sin ti, y cinco sin oír tus palabras, tu risa o tus te quiero. Lo siento si no supe decir cuánto te quería, que nunca quise a otra persona igual. Pero si no te tengo aquí no se vivir. Quédate conmigo... Vuelve... Déjame ser feliz a tu lado... Cada día es más duro que el anterior, ven, bésame, abrázame, cúrame... Si no estás no sale el sol en mi vida. Jamás podré olvidar lo que me pasó contigo. Puede que no lo entiendas pero nunca dije una verdad tan real y sólida. No encuentro sentido a mis actos sin ti. Quiero creer que llegará otra persona para devolver los colores a mi vida, pero es imposible. Necesito que me oigas, ser capaz de decírtelo todo a la cara, de ver tus ojos una vez más. Por mucho daño que me hicieras, por muchas lágrimas que desprendiera no puedo enfadarme contigo. Y ahora que te veo marchar sin mirar atrás, se lo mucho que te echaré de menos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Aviso, los comentarios ofensivos serán eliminados.