Para aprender a volar primero hay que caerse

viernes, 20 de abril de 2012

Una semana pasó, un amor que voló en picado al suelo.

Siete largos días de indignación, de recuerdos, de impotencia. Siete días lejos de lo que hasta ahora lo fue todo, y que ya no es nada. Solo conté con la sombra que su presencia dejó en mi vida. Me siento encerrada sin poder hacer nada, atada a una decisión fabricada con dolor y compasión. No puedo preguntarte si te va bien, si me conseguiste olvidar o si todavía hay espacio en tu corazón para una chica más. El vacío de lo que ayer fue amor me persigue y acompaña a todas partes, me hace escribir que un día te quise y que quiera o no, todavía existe un pequeño te quiero. Camino con la duda en la cara de que pasará ahora, si todo acabó ya de verdad. Con el miedo de que este dolor sea eterno. De que mañana sea igual que hoy, ayer y hace siete días. Que te olvides de que en algún momento fui alguien para ti. No puedo sustituirte con nadie, de momento, aunque tampoco quiero hacerlo. No me quiero enamorar nunca más. Una ligera voz me susurra todas las mañanas que falta poco para un algo, y todavía no pasó nada. Mi mundo pasó de ser un sueño a ser una lucha por sobrevivir, por olvidar lo que más necesito. Por mucho que me sigan pasando cosas contigo no voy a dar marcha atrás. Me dirán que debo intentarlo, luchar por ti por lo que (más o menos) tuvimos, pero yo se que no serviría de nada, incluso así estoy mucho mejor de lo que estaría si estuviera viendo todos los días como me ignoras o como ligas con otras. Hace días que me doy cuenta que eres menos, te quiero, pero menos. De esta forma aprendí a hacer caso a la razón y no al corazón.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Aviso, los comentarios ofensivos serán eliminados.